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El sexto signo del zodiaco, de tierra y mutable, gobernado por Mercurio. Qué reparte de verdad, qué significa cada planeta en Virgo y por qué le corresponde la casa 6.
Por Maria Fernanda Abreu, astróloga · · 7 min de lectura
Virgo es el sexto signo del zodiaco, es de tierra y de modalidad mutable, y lo gobierna Mercurio, que también gobierna Géminis y que aquí además se exalta, así que es el signo donde mejor trabaja. El Sol lo recorre entre el 23 de agosto y el 22 de septiembre. Se le tiene por el signo perfeccionista de la rueda y esa fama mira el defecto y se pierde el regalo, porque lo que Virgo reparte no es exigencia sino utilidad, o sea la capacidad de mirar lo que hay y dejarlo funcionando mejor de lo que estaba, y de todo lo que un mapa astral puede darte esa es de las que menos se agradecen y sin las cuales nada dura.
El orden de la rueda no es decorativo, ya que cada signo se hace cargo de lo que el anterior dejó a medias, y Leo deja siempre lo mismo, que es algo hecho con todo el corazón, brillante y a la vista de todos, y con tres cosas que no funcionan del todo. Virgo es el que llega detrás y lo revisa, porque de nada sirve una obra preciosa si se cae al primer uso, y hace falta alguien que la pruebe, le encuentre el fallo y lo arregle sin pedir aplauso. El Sol entra en Virgo cuando el verano ya va cerrando y llega el tiempo de la cosecha, así que su trabajo dentro de la rueda no es crear ni lucir, sino separar lo que sirve de lo que sobra antes de que cambie la estación.
Se entiende mejor mirando cómo se reparten el trabajo las tres modalidades, ya que los doce signos se agrupan de tres en tres según qué hacen con la energía que les toca.
Virgo es el mutable de tierra, y no hay mezcla más fina entre las doce para mejorar algo que ya existe, porque la tierra ya se fija en lo concreto por su cuenta, y lo mutable se dedica a ir ajustando eso concreto hasta que encaja.
Por eso quien tiene mucho Virgo en la carta carga con un talento que solo se nota cuando falta, y se ve en cosas muy concretas.
Lo otro, que también hay que decirlo, es que muchas veces se quedan corrigiendo lo que ya estaba bien, y no por manía sino porque la misma mirada que ve el fallo en el trabajo no sabe apagarse cuando se mira a sí misma.
Virgo no significa crítica, por más que el tópico insista. Lo que hay es una mirada que ve el detalle que se les escapa a los demás, y en cuanto la pone al servicio de algo que vale la pena esa misma mirada se vuelve la parte de ti que resuelve lo que nadie más sabía ni por dónde agarrar.
Mercurio gobierna Virgo y también Géminis, de modo que hace dos trabajos distintos según dónde esté, y en Virgo le toca el más fino de los dos. En Géminis se ocupa de salir a buscar, de preguntar y de traer, mientras que en Virgo se ocupa de lo que ya llegó, de ordenarlo, revisarlo y separar lo que sirve de lo que sobra, o sea del método, del análisis y del detalle que lo cambia todo.
Y aquí pasa algo que no pasa en ningún otro sitio del mapa, porque Mercurio en Virgo está en su casa y además exaltado, las dos dignidades a la vez, y es el único planeta que las junta en un mismo signo. Eso explica bastante, ya que la cabeza que va rápido en Géminis aquí va igual de rápido pero además va derecha, y lo que gobierna es justo eso, la inteligencia que no se conforma con entender sino que quiere que lo entendido sirva para algo.
Al lado de Júpiter se acaba de entender, ya que Júpiter agranda y confía sin mirar la letra chica, mientras que Mercurio en Virgo lee la letra chica antes de firmar nada. Ninguno de los dos caminos es mejor que el otro, y una vida sin ninguno de los dos se queda a medias, aunque cuando tienes algo en Virgo esa parte de ti va siempre por el de Mercurio, de manera que ni se entusiasma ni promete, comprueba. De ahí que Júpiter lo pase mal en este signo, porque aquí nada se da por bueno hasta que se prueba.
Un signo no se vive igual según qué planeta lo ocupe, porque cada planeta señala qué parte de ti está usando esa energía, y los cinco personales son los que más se notan en el día a día.
La identidad
Te reconoces cuando lo que haces sirve para algo y está bien hecho, así que las etapas de trabajo a medias o de tarea sin sentido te dejan con la sensación rara de estar perdiendo el tiempo. Tu forma de crecer pasa por dominar un oficio, sea el que sea, y la trampa es confundir ser útil con ser valioso, porque tú vales lo mismo el día que no resuelves nada.
El refugio emocional
La Luna es lo primero que haces cuando el suelo se mueve, y en Virgo ese refugio es poner orden. Cuando algo te duele, lo que te calma es limpiar la cocina, hacer una lista, resolver algo pequeño y concreto que sí depende de ti. Cuidas a tu gente haciendo cosas por ella más que diciéndoselo, y lo que más te cuesta es que alguien te cuide a ti sin que sientas que estás dando trabajo.
La cabeza y la palabra
Mercurio en su casa y exaltado, que es la mejor posición que tiene en todo el mapa. Piensas con precisión, explicas con orden y ves el fallo en el razonamiento antes de que la otra persona termine la frase. Lo que mejor le sienta a esta posición es un problema real que resolver, porque sin él la misma cabeza se pone a corregir lo que dijiste hace tres días y no te deja dormir.
El amor y el gusto
Venus está en caída en Virgo, porque ella quiere disfrutar sin medir y este signo mide todo. Aquí el amor se demuestra en lo pequeño, en acordarte de la cita del médico de la otra persona, en arreglarle lo que se le rompió, en fijarte en lo que nadie más nota. Te cuesta recibir un halago sin buscarle el pero, y la ventaja rara de esta posición es que quien te tiene cerca se siente cuidado en cosas que ni sabía que necesitaba.
La acción y el deseo
Marte en un signo de tierra mutable, así que aquí la energía sale en trabajo concreto y bien hecho. Rindes muchísimo cuando tienes un método, te enfadas con lo que está mal hecho más que con la gente, y sacas adelante la tarea larga y tediosa que a otros los tumba. Lo que mejor le sienta a esta posición es un objetivo medible, porque la energía suelta se te va en revisar tres veces lo que ya estaba terminado.
Cada signo tiene una casa que le corresponde por orden, y a Virgo le toca la casa 6, que es la del día a día, o sea la rutina, el trabajo de cada jornada, la salud, los hábitos y todo lo que hay que hacer para que la vida funcione aunque nadie lo aplauda. Encaja tan bien que casi sobra explicarlo, porque la casa 6 es el mantenimiento del mapa, y hacerse cargo de eso y hacerlo bien es exactamente el trabajo de Virgo.
Ojo con una confusión que se repite mucho. Que Virgo gobierne la casa 6 en el zodiaco natural no significa que la ocupe en tu carta. En la tuya, Virgo cae en la casa que le toque según la hora y el lugar en que naciste, y ahí es donde eres útil y donde exiges. Si te cae en la casa 7 buscas una pareja con la que funcionar en lo práctico y le ves el fallo antes de tiempo, y si te cae en la casa 10 lo tuyo pasa por ser quien resuelve, aunque el cargo lo tenga otro.
Y esa es la parte que más alivio da del signo entero, porque donde tengas Virgo hay un área de tu vida en la que tienes derecho a hacer las cosas bien y a tu manera, y que te importe el detalle no es manía sino la señal de que ahí sabes lo que haces.
Entre el 23 de agosto y el 22 de septiembre, con un día de variación según el año. El Sol entra en Virgo cuando termina el recorrido de Leo, y como el zodiaco arranca en el equinoccio de marzo y no en una fecha fija de calendario, quien nació justo en el borde necesita su hora de nacimiento para saber de qué signo es de verdad.
No, Mercurio sigue siendo su único regente. El reparto moderno le dio Escorpio a Plutón, Acuario a Urano y Piscis a Neptuno, y a Virgo no lo tocó. Cada tanto alguien propone darle Quirón o algún asteroide, aunque ninguna de esas propuestas se sostiene ni se usa en consulta.
Sí, y es lo que pasa casi siempre. El Sol es uno de los diez puntos que se miran en una carta, así que puedes tener el Sol en Sagitario y la Luna, Mercurio, Venus, Marte o el Ascendente en Virgo. Además Virgo siempre ocupa alguna casa de tu carta, o sea que absolutamente todo el mundo tiene un área de la vida gobernada por él.
Es exigente, pero lo que reparte es utilidad, no perfeccionismo. La confusión viene de que ve el fallo antes que nadie, cuando lo que gobierna de verdad es la capacidad de mejorar lo que tiene delante y de servir de algo concreto. El perfeccionismo aparece cuando esa mirada afinada se vuelve contra uno mismo en lugar de contra el trabajo, y ahí sí conviene aflojarla.
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