CARTA NATAL - Grabada
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Reservar sesiónLas diez piezas del mapa. Cada planeta gobierna una parte de ti, la identidad, el refugio, la cabeza, el gusto, el empuje, la fe, el límite, y así hasta lo que comparte tu generación entera. Qué hace cada uno, cuánto tarda en dar la vuelta y por qué los tres últimos pesan distinto.
Por Maria Fernanda Abreu, astróloga · · 9 min de lectura
Los planetas son las diez piezas de la carta, y cada una gobierna una parte de ti. En astrología se cuentan diez, el Sol, la Luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón, y se les llama planetas a todos por costumbre, aunque el Sol y la Luna no lo sean, porque la palabra significaba «errante» y se usaba para todo lo que se movía en el cielo. Son la primera capa del mapa, la que responde a qué, y todo lo demás, los signos, las casas, los aspectos, se apoya en ellas.
Los diez se agrupan según lo que tardan en dar la vuelta al zodiaco, y esa velocidad es lo que decide cuánto pesan en una carta personal, porque cuanto más rápido va un planeta, más tuyo es. La Luna cambia de signo cada dos días y medio, así que la Luna de tu carta es casi imposible de compartir con nadie que no haya nacido el mismo día que tú, mientras que Plutón se pasa entre doce y treinta años en el mismo signo, así que tu Plutón lo tiene toda tu generación.
El Sol es lo que decides ser, la voluntad, la identidad que sostienes y la dirección en que creces. Es el centro alrededor del cual gira todo lo demás, y por eso el signo del Sol es el que todo el mundo se sabe, aunque sea solo una pieza de diez. Tarda un año en dar la vuelta y pasa un mes en cada signo. Gobierna Leo, se exalta en Aries, y se entiende mejor al lado de la Luna, porque el Sol es hacia dónde vas y la Luna es de dónde vienes.
La Luna es lo que ya eras antes de decidir nada, la reacción automática, el sitio al que corre tu cabeza cuando el día te pasa por encima y lo que necesitas para sentirte a salvo. Guarda la memoria emocional y la infancia, y describe también a la madre o a quien hiciera ese papel. Es lo más rápido del mapa, da la vuelta en veintiocho días y cambia de fase cada semana, y de ahí que el humor se mueva con ella. Gobierna Cáncer y se exalta en Tauro.
Mercurio es el filtro con el que traduces el mundo, la manera en que piensas, aprendes, hablas, escribes y te mueves por lo cercano. Es el traductor de lo que te pasa, el que agarra el caos de afuera y lo convierte en una historia que puedas contar, y gobierna la comunicación, los papeles, los acuerdos, los hermanos y los trayectos cortos. Va casi pegado al Sol, nunca a más de un signo de distancia, y tarda alrededor de un año en dar la vuelta. Gobierna Géminis y Virgo, y en Virgo además se exalta.
Venus es lo que te gusta y cómo quieres, la manera en que atraes, disfrutas y valoras, y también la relación con el dinero como placer y con la belleza. Donde Marte sale a buscar, Venus deja que venga, y esa diferencia no es pasividad sino otra forma de conseguir las cosas. Gobierna Tauro, donde se ocupa del gusto propio, y Libra, donde se ocupa del trato con el otro, y se exalta en Piscis, donde por fin quiere sin condiciones. Tarda alrededor de un año en dar la vuelta.
Marte es la energía puesta en acción, la manera en que vas por lo que quieres, cómo te defiendes, cómo te enfadas y cómo deseas. Es el motor, y también el que gobierna el coraje y el enfado, que no son dos cosas distintas sino la misma fuerza según a dónde apunte. Tarda unos dos años en dar la vuelta. Gobierna Aries, donde arranca y se ve, y Escorpio, donde aguanta y no se ve hasta que actúa, y se exalta en Capricornio, donde por fin la fuerza tiene un plan.
Júpiter es lo que agranda, la confianza, la generosidad, las ganas de más mundo, más estudio y más sentido. Se le atribuye la suerte, y lo que reparte no es fortuna sino apetito, y en ese apetito está su regalo y su exceso. Gobierna los viajes largos, el extranjero, la ley y la enseñanza superior. Tarda doce años en dar la vuelta y pasa uno en cada signo, así que su paso se nota como una racha buena que dura meses. Gobierna Sagitario y Piscis, y se exalta en Cáncer.
Saturno es la frontera donde se acaba la excusa y empieza la madurez, la estructura, la responsabilidad, el tiempo que hace falta para que algo se sostenga y la factura que siempre llega. Donde Júpiter agranda y confía de más, Saturno recorta y pide pruebas, y una vida entera con uno solo de los dos sale carísima. Tiene mala fama y no la merece del todo, porque lo que construye se sostiene con los años. Tarda veintinueve años en dar la vuelta, y su regreso al sitio donde estaba cuando naciste, cerca de los treinta, es de los tránsitos que más se notan en una vida. Gobierna Capricornio y Acuario, y se exalta en Libra.
Urano es lo que rompe con lo establecido cuando se queda viejo, la actualización del sistema, el terremoto que suelta lo que no tenía buen seguro y la mirada que ve lo que todavía no existe. Fue el primer planeta descubierto con telescopio, en plena época de revoluciones, y de ahí le viene el nombre de lo que gobierna. Tarda ochenta y cuatro años en dar la vuelta y siete en cada signo, así que se comparte con toda una generación. Es el regente moderno de Acuario.
Neptuno es lo que disuelve las fronteras, la imaginación, la compasión, la sensibilidad a lo que no se ve y también la neblina que hace que a veces cueste distinguir lo que es de lo que se desea que sea. Donde Venus quiere disfrutar, Neptuno quiere fundirse, y donde Saturno pone un muro, Neptuno lo atraviesa. Tarda ciento sesenta y cinco años en dar la vuelta y catorce en cada signo. Es el regente moderno de Piscis.
Plutón es lo que se lleva lo que ya no tenía vida para que el sitio quede libre, la capacidad de ir hasta el final de las cosas, de soltar lo que se murió y de volver a empezar desde ahí. No destruye por gusto, transforma, y donde cae en la carta hay un área de la vida que se vive a fondo y que pasa por crisis y renacimientos. Tarda unos doscientos cuarenta y ocho años en dar la vuelta, y entre doce y treinta en cada signo según el tramo. Es el regente moderno de Escorpio.
Ojo con los tres últimos, que confunden a quien empieza. Urano en Escorpio, Neptuno en Sagitario o Plutón en Libra no dicen nada de ti que no digan de todos los que nacieron en tu década, así que el signo de esos tres se lee como generación y no como persona. Lo que sí es tuyo es la casa en que caen y los aspectos que hacen a tu Sol, tu Luna o tu Ascendente, y ahí sí pesan, y mucho.
Se entra por el Sol y la Luna, que son las dos piezas más importantes de cualquier carta, y desde ahí se van abriendo las demás. Después van los otros tres personales, Mercurio, Venus y Marte, cada uno en su signo y en su casa. Luego los dos sociales, y al final los tres lentos, mirando solo la casa y los aspectos. Cada planeta se lee con tres preguntas, qué hace, en qué signo lo hace y en qué casa lo hace, y cuando las tres están claras la frase sale sola. Un Marte en Cáncer en la casa 4 es «el empuje, que aquí defiende en lugar de atacar, puesto en la familia y en la casa», o sea alguien que por los suyos saca una fuerza que nadie le conocía.
Y una cosa que se agradece saber desde el principio es que ningún planeta es bueno ni malo, ni siquiera Saturno y Plutón, que cargan con la peor fama. Cada uno hace un trabajo, y una carta sin Saturno no terminaría nada, y una sin Plutón no soltaría nunca lo que se murió. Lo que cambia es dónde caen y cómo se hablan entre sí, y eso es lo que se aprende en las páginas de los signos, las casas y los aspectos.
Diez, contando al Sol y a la Luna. Sol, Luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón. Muchos astrólogos añaden puntos como los nodos o Quirón, pero la base son esas diez piezas.
La velocidad, y con ella el peso. Los personales van rápido y describen cómo eres tú, los sociales hablan de cómo te relacionas con el mundo, y los generacionales se comparten con tu década y pesan por la casa y los aspectos, no por el signo.
El Sol y la Luna, y después el regente del Ascendente. Con esas tres piezas se lee el esqueleto de cualquier carta.
Por costumbre. La palabra significaba «errante» y se usaba para todo lo que se movía en el cielo. En textos técnicos se les llama luminarias.
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