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El quinto signo del zodiaco, de fuego y fijo, gobernado por el Sol. Qué reparte de verdad, qué significa cada planeta en Leo y por qué le corresponde la casa 5.
Por Maria Fernanda Abreu, astróloga · · 7 min de lectura
Leo es el quinto signo del zodiaco, es de fuego y de modalidad fija, y lo gobierna el Sol, que es el único signo que tiene y a la vez el centro alrededor del cual gira todo el mapa. El Sol lo recorre entre el 23 de julio y el 22 de agosto. Se le tiene por el signo del ego y esa fama confunde el síntoma con la causa, porque lo que Leo reparte no es vanidad sino presencia, o sea la capacidad de ponerle el corazón a lo que haces y de sostenerlo con la cara descubierta, y de todo lo que un mapa astral puede darte esa es de las que más se critican y más se envidian a la vez.
El orden de la rueda no es decorativo, ya que cada signo se hace cargo de lo que el anterior dejó a medias, y Cáncer deja siempre lo mismo, que es una casa hecha, un grupo que se sostiene y alguien dentro que ya está a salvo. Leo es el que sale de esa casa y se deja ver, porque de nada sirve estar a salvo si nunca sales a jugar, y hace falta alguien que agarre lo que se cuidó por dentro y lo ponga a la luz con nombre y apellido. El Sol entra en Leo en pleno verano del hemisferio norte, cuando el calor está en su punto más alto, así que su trabajo dentro de la rueda no es empezar ni proteger, sino sostener la luz mientras dure.
Se entiende mejor mirando cómo se reparten el trabajo las tres modalidades, ya que los doce signos se agrupan de tres en tres según qué hacen con la energía que les toca.
Leo es el fijo de fuego, y no hay mezcla más caliente entre las doce para mantener algo encendido, porque el fuego ya sale disparado por su cuenta, y lo fijo se dedica a que además no se apague a la primera ráfaga.
Por eso quien tiene mucho Leo en la carta carga con un talento que se nota desde la puerta, y se ve en cosas muy concretas.
Lo otro, que también hay que decirlo, es que muchas veces necesitan que se les reconozca lo que hicieron, y no por vanidad sino porque un fuego que nadie mira se siente como si no existiera.
Leo no significa arrogancia, por más que el tópico insista. Lo que hay es un corazón que va con todo o no va, y en cuanto encuentra algo o alguien que lo merezca esa misma entrega se vuelve la parte de ti que le pone calor a un cuarto entero y que hace que la gente de alrededor se sienta más viva de lo que estaba.
El Sol gobierna Leo y es el único signo que tiene, así que aquí no hay que repartir el trabajo con nadie, y todo lo que el Sol es se concentra en este signo. Es el centro del sistema, todo lo demás gira a su alrededor y se ve gracias a su luz, y de ahí le viene a Leo esa necesidad de ser el centro, que no es capricho sino la forma en que su regente funciona.
El relato antiguo lo hace el que sale cada mañana sin faltar un solo día, el que trae la luz y hace que las cosas tengan color y sombra, y esa imagen explica bastante, porque el Sol no aparece a veces, aparece siempre, y lo que gobierna es justo eso, la voluntad de ser alguien concreto, la identidad que decides sostener y la necesidad de que lo que haces deje huella.
Al lado de la Luna se acaba de entender, ya que la Luna es lo que ya eras antes de decidir nada y el Sol es lo que decides ser. Ninguno de los dos manda más que el otro, y una vida entera dándole la razón solo a uno sale carísima, aunque cuando tienes algo en Leo esa parte de ti va siempre por el del Sol, de manera que ni se esconde ni se adapta, se muestra. De ahí que Saturno lo pase mal en este signo, porque él pide medida y aquí todo se hace a lo grande.
Un signo no se vive igual según qué planeta lo ocupe, porque cada planeta señala qué parte de ti está usando esa energía, y los cinco personales son los que más se notan en el día a día.
La identidad
El Sol en su propia casa, así que aquí brilla sin trabas y con toda la fuerza. Te reconoces cuando lo que haces lleva tu firma y alguien la ve, y las etapas en que trabajas a la sombra de otro te dejan con la sensación rara de estar desperdiciándote. Tu forma de crecer pasa por crear algo que sea tuyo de verdad, y la trampa es confundir que te vean con que te quieran.
El refugio emocional
La Luna es lo primero que haces cuando el suelo se mueve, y en Leo ese refugio es que te miren. Cuando algo te duele, lo que te calma es que alguien te preste atención de verdad, no una palmada sino que se siente contigo y te tome en serio. Eres generoso con tu gente hasta el exceso, y lo que más te hiere es sentir que das mucho y te devuelven poco.
La cabeza y la palabra
Mercurio es el filtro con el que traduces el mundo, y en Leo habla con calor y con convicción. Cuentas las cosas como si fueran una historia, defiendes tus ideas con el cuerpo entero y se te da bien hablar delante de gente, aunque cambiar de opinión en público te cuesta un mundo. Lo que mejor le sienta a esta posición es un tema en el que creas, porque de lo que no te importa no puedes ni fingir que hablas.
El amor y el gusto
Venus está en un signo que le pide entrega, así que aquí el amor se vive a lo grande y se demuestra a la vista de todos. Eres leal como pocos, regalas sin mirar el precio y necesitas que la otra persona te elija con la misma claridad con que tú la eliges. La ventaja rara de esta posición es que sabes hacer sentir importante a quien quieres, y hay muchísima gente que nunca ha sentido eso.
La acción y el deseo
Marte en un signo de fuego fijo, así que aquí la energía sale con fuerza y se sostiene. Vas por lo que quieres de frente y sin esconderlo, aguantas el esfuerzo largo mientras te importe, y el enfado te sale caliente pero se te pasa si te piden perdón con dignidad. Lo que mejor le sienta a esta posición es un objetivo que sea tuyo, porque por el proyecto de otro te cuesta mucho más moverte.
Cada signo tiene una casa que le corresponde por orden, y a Leo le toca la casa 5, que es la de lo que haces por gusto, o sea el juego, la creación, los romances, los hijos y todo lo que sale de ti y lleva tu firma. Encaja tan bien que casi sobra explicarlo, porque la casa 5 es donde te permites disfrutar, y ponerle el corazón a algo y firmarlo con la cara descubierta es exactamente el trabajo de Leo.
Ojo con una confusión que se repite mucho. Que Leo gobierne la casa 5 en el zodiaco natural no significa que la ocupe en tu carta. En la tuya, Leo cae en la casa que le toque según la hora y el lugar en que naciste, y ahí es donde te sale brillar. Si te cae en la casa 7 necesitas una pareja que te llene de orgullo y que presuma de ti, y si te cae en la casa 10 lo tuyo pasa por tener nombre propio en lo que haces, aunque tardes en admitirlo.
Y esa es la parte que más alivio da del signo entero, porque donde tengas Leo hay un área de tu vida en la que tienes derecho a querer que te vean, y quererlo no es vanidad sino la señal de que ahí pusiste el corazón.
Entre el 23 de julio y el 22 de agosto, con un día de variación según el año. El Sol entra en Leo cuando termina el recorrido de Cáncer, y como el zodiaco arranca en el equinoccio de marzo y no en una fecha fija de calendario, quien nació justo en el borde necesita su hora de nacimiento para saber de qué signo es de verdad.
No, el Sol sigue siendo su único regente. El reparto moderno le dio Escorpio a Plutón, Acuario a Urano y Piscis a Neptuno, y a Leo no lo tocó. Y como pasa con Cáncer y la Luna, el Sol solo gobierna Leo, así que aquí no hay que repartir el trabajo con ningún otro signo.
Sí, y es lo que pasa casi siempre. El Sol es uno de los diez puntos que se miran en una carta, así que puedes tener el Sol en Piscis y la Luna, Mercurio, Venus, Marte o el Ascendente en Leo. Además Leo siempre ocupa alguna casa de tu carta, o sea que absolutamente todo el mundo tiene un área de la vida gobernada por él.
No. Lo que reparte es presencia, no ego. La confusión viene de que necesita que lo que hace se vea, cuando lo que gobierna de verdad es la capacidad de ponerle el corazón a las cosas y de sostenerlas a la vista de todos. El ego aparece solo cuando esa presencia no encuentra dónde brillar, y entonces la busca en cualquier parte.
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