CARTA NATAL - Grabada
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Reservar sesiónLa manera en que piensas, aprendes, hablas y te mueves por lo cercano. Es el traductor de la carta, el que convierte en palabras lo que los demás planetas sienten o quieren, y también el que firma los papeles.
Por Maria Fernanda Abreu, astróloga | | 6 min de lectura
Mercurio es el filtro con el que traduces el mundo. Cómo piensas, cómo aprendes, cómo cuentas lo que te pasa y con qué palabras lo cuentas, además de los papeles que firmas, los acuerdos a los que llegas y los trayectos que haces cada día. No aporta contenido propio, y esa es justamente su gracia, porque lo que hace es coger el material de los demás planetas y convertirlo en algo que se pueda decir en voz alta.
A Mercurio se le entiende mejor si se piensa en el reparto de trabajo dentro de una carta. La Luna siente, Venus desea, Marte empuja y el Sol decide, pero ninguno de los cuatro sabe explicarse, y ahí entra Mercurio, que agarra ese material en bruto y lo ordena en frases, en argumentos y en listas.
Si la Luna es el disco duro donde se guarda todo lo vivido, Mercurio es la pantalla y el teclado, el sitio por el que entra la información y por el que sale convertida en algo comunicable.
De ahí sale una diferencia que se nota mucho en la vida real. Alguien puede tener una Luna profundísima y un Mercurio torpe, y entonces siente cosas enormes que no consigue poner en palabras, mientras que otra persona con un Mercurio muy afilado explica de maravilla emociones que apenas ha atravesado.
El signo del Sol no dice nada de esto, porque el ancho de banda del pensamiento y de la palabra lo pone Mercurio y solo Mercurio.
Mercurio va siempre pegado al Sol, sin separarse jamás más de veintiocho grados, así que en una carta natal solo puede estar en el mismo signo que el Sol o en el de al lado. Eso reduce las combinaciones posibles y explica por qué mucha gente piensa con el color de su signo solar, aunque no siempre, y quien tiene el Sol en Leo y Mercurio en Virgo se pasa la vida con un impulso generoso por dentro y un tono crítico por fuera.
Esa cercanía tiene otra consecuencia. Cuando Mercurio está muy cerca del Sol, la tradición dice que se quema y le cuesta pensar con independencia de lo que el ego quiere creer, y cuando va justo por delante o por detrás se distingue mejor.
Visto desde la Tierra tarda alrededor de un año en dar la vuelta al zodiaco, el mismo tiempo que el Sol, porque los dos van juntos todo el recorrido.
Tres veces al año Mercurio se estaciona y empieza a retrogradar durante unas tres semanas, y esa es la única palabra de astrología que conoce todo el mundo, casi siempre mal. No se estropea nada por decreto ni conviene encerrarse en casa, porque lo que hace ese tramo es obligar a volver sobre lo mismo, a releer lo que se firmó demasiado rápido y a terminar lo que quedó a medias.
La cantidad de asuntos que se reabren en esas semanas no es mala suerte, es el calendario del planeta funcionando como corresponde.
Que Mercurio rija los acuerdos y los contratos, además de la comunicación y la letra chica, es lo que explica su fama. En esas tres semanas la recomendación de la tradición no es dejar de firmar sino leer dos veces y no dar por hecho que la otra persona entendió lo mismo que tú.
Quien nació con Mercurio retrógrado, que es alrededor de una de cada cinco personas, no piensa peor, solo piensa hacia dentro antes de hablar, y suele necesitar escribir las cosas para saber qué opina de ellas.
El signo dice cómo funciona tu cabeza, si va rápido y en zigzag como en Géminis, si ordena y corrige como en Virgo o si necesita masticar cada idea despacio como en Tauro. La casa dice sobre qué piensas y hablas sin parar, ya que Mercurio en la casa 3 vive de las conversaciones cercanas y de los trayectos cortos, y en la casa 9 solo se despierta con lo que queda lejos, los idiomas y las ideas grandes.
Los aspectos dicen qué le pasa a esa cabeza cuando otro planeta la toca. Mercurio con Saturno piensa despacio, duda de sí mismo y acierta más de lo que cree, y suele contar a alguien a quien de pequeño le dijeron que hablaba mal.
Con Urano va tan rápido que se salta pasos y llega antes que los demás sin saber explicar el camino. Con Neptuno se difumina la frontera entre lo que se sabe y lo que se imagina, que es un problema para un informe y un regalo para escribir ficción.
Mercurio rige dos signos y en cada uno hace un trabajo distinto, porque en Géminis recoge información y la reparte sin descanso, mientras que en Virgo la ordena, la depura y le busca la utilidad. En Virgo además se exalta, ya que ahí la mente encuentra su mejor forma, la del detalle bien resuelto.
Gobierna las casas 3 y 6 del zodiaco natural, o sea los hermanos, los vecinos, los trayectos cortos y el trabajo cotidiano, y en el cuerpo se le atribuyen el sistema nervioso, las manos y los pulmones. Rige también el comercio, la palabra escrita, los papeles, los acuerdos y los contratos.
Le cuesta en Sagitario, su exilio, y en Piscis, su caída, y en los dos por el mismo motivo, porque ahí lo grande se traga al detalle. Sagitario tiene la idea general y desprecia la letra pequeña, y Piscis disuelve los contornos que Mercurio necesita para distinguir una cosa de otra.
Ninguna de las dos posiciones da personas menos inteligentes, solo cabezas que llegan a la verdad por intuición y luego tienen que volver a buscar los pasos. El mito lo dice sin rodeos, ya que Hermes fue el mensajero de los dioses y también el ladrón que les quitó a cada uno su objeto de poder, así que su talento y su trampa son el mismo, moverse rápido entre mundos que no se hablan.
El signo cambia por completo la manera en que este planeta funciona, así que cada combinación tiene su propia página.
Cómo piensas, aprendes, hablas y escribes. Rige la comunicación, los papeles, los acuerdos, los hermanos y los trayectos cortos, y es el planeta que traduce en palabras lo que sienten los demás.
En el mismo o en el de al lado. Nunca se separa más de veintiocho grados del Sol, así que solo caben esas tres opciones y por eso muchas personas piensan con el color de su signo solar.
Se vuelve sobre lo mismo. Tres veces al año, unas tres semanas cada vez, los asuntos a medias se reabren y lo firmado deprisa pide una segunda lectura. No hay que dejar de firmar, hay que leer dos veces.
Pensar hacia dentro antes de hablar. Le pasa a alrededor de una de cada cinco personas, y suele traer a alguien que necesita escribir las cosas para saber qué opina de ellas.
Géminis y Virgo, y se exalta en Virgo. En Géminis recoge información y la reparte, y en Virgo la ordena y le busca la utilidad. Está en exilio en Sagitario y en caída en Piscis.
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