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Reservar sesiónLo que se lleva aquello que ya no tenía vida, para que el sitio quede libre. Es el planeta de las crisis que cambian a una persona de raíz, y el que peor se entiende si se lee como destrucción en vez de como transformación.
Por Maria Fernanda Abreu, astróloga | | 6 min de lectura
Plutón es lo que se lleva lo que ya no tenía vida. La capacidad de ir hasta el fondo de las cosas, de soltar lo que se murió aunque siga en pie y de volver a empezar desde ahí. Es el más lento de los diez y el que más miedo da leer, casi siempre porque se confunde su trabajo con una destrucción sin sentido, cuando lo que hace es vaciar un sitio que estaba ocupado.
La diferencia importante es que Plutón no rompe lo que funciona. Trabaja sobre lo que ya se había apagado y seguía ahí por costumbre, por miedo o porque nadie se atrevía a mirarlo, y su método es quitarle el disfraz hasta que se cae solo.
Por eso los procesos plutonianos se viven como crisis mientras ocurren y como alivio años después, y por eso casi nadie que los haya atravesado quiere volver a como estaba antes.
Su ritmo lo explica todo. Donde Urano llega de golpe y en una tarde cambia el paisaje, Plutón tarda uno o dos años en cada contacto y trabaja por debajo, así que rara vez se puede señalar el día en que empezó algo.
Lo que se nota es que en algún momento la persona mira atrás y no se reconoce en quien era.
Plutón rige todo lo que tiene que ver con el poder, y en una carta eso aparece de manera muy concreta. Señala el área donde te juegas el control, donde te cuesta soltarlo y donde también te lo han quitado alguna vez, y de ahí salen tanto la persona que necesita manejarlo todo como la que se pone siempre en manos de otro.
Rige el dinero compartido, las herencias, las deudas y todo lo que se administra entre dos, que es el terreno donde el poder se vuelve visible.
También gobierna lo que no se dice. Los secretos de familia, lo que se calla durante generaciones y lo que se descubre tarde caen bajo su dominio, y por eso los tránsitos de Plutón suelen coincidir con momentos en que algo enterrado sale a la superficie.
El nombre viene del dios del inframundo, que gobernaba lo que estaba debajo y también las riquezas del subsuelo, y esas dos cosas juntas describen bien su reparto, porque lo que este planeta esconde es siempre valioso.
Su signo es generacional, ya que pasa entre doce y treinta años en cada uno, y esa horquilla tan ancha se debe a que su órbita es la más excéntrica de todas. La casa dice dónde se vive a fondo, dónde aparecen las crisis que transforman y dónde está el asunto que a esa persona no le sirve resolver a medias, así que Plutón en la casa 4 suele señalar una historia familiar cargada, y en la casa 7 vínculos intensos donde el poder se negocia todo el tiempo.
Los aspectos son lo que mete a Plutón dentro del carácter. Con el Sol trae a alguien que incomoda sin proponérselo y que se rehace varias veces a lo largo de la vida. Con la Luna, una necesidad emocional muy honda que asusta un poco a quien la tiene.
Con Venus, vínculos que arrasan y que enseñan mucho. Con Marte, una fuerza de todo o nada que conviene tener bien dirigida. Cuando no toca ningún planeta personal, Plutón se nota poco y se queda en el trasfondo de la generación.
En 2006 la astronomía reclasificó a Plutón como planeta enano, y la pregunta apareció de inmediato en todas las consultas. La astrología siguió usándolo por una razón sencilla, y es que su categoría astronómica nunca fue lo que le dio significado, igual que el Sol y la Luna se llaman planetas sin serlo.
Lo que se usa es el ciclo, y el ciclo de Plutón sigue exactamente donde estaba.
Se descubrió en 1930, entre las dos guerras mundiales, en los años del auge de los totalitarismos, del psicoanálisis y de la física nuclear, o sea de tres maneras distintas de trabajar con lo que está debajo y con el poder de destruir y rehacer. Esa coincidencia es la que fijó su significado moderno.
Plutón es el regente moderno de Escorpio y comparte ese signo con Marte, su regente antiguo, así que Escorpio tiene la fuerza que aguanta y la que transforma. Rige la casa 8 del zodiaco natural, la de lo compartido, lo que se hereda, lo que se muere y lo que se rehace, y en la vida cotidiana se le atribuyen la cirugía, la investigación, todo lo que hay bajo tierra y todo lo que obliga a mirar lo que se prefería no mirar.
De su recorrido conviene recordar un dato práctico, y es que tarda unos doscientos cuarenta y ocho años en dar la vuelta, así que ningún ser humano vive su retorno y las edades de sus tránsitos no son iguales para todas las generaciones. Quien nació con Plutón en un signo rápido puede alcanzar su cuadratura mucho antes que quien nació con él en uno lento, y por eso las edades que se leen en los manuales antiguos no cuadran, ya que hay que medirlas con efemérides en cada carta.
Lo que se lleva aquello que ya no tenía vida. Señala el área donde se vive a fondo, donde aparecen las crisis que transforman y donde se juega el poder.
Sí, y por el mismo motivo que el Sol y la Luna. Su categoría astronómica nunca le dio el significado, se usa su ciclo, y el ciclo sigue exactamente donde estaba.
Transforma, y solo lo que ya estaba apagado. Trabaja sobre lo que seguía en pie por costumbre o por miedo, y le quita el disfraz hasta que se cae solo.
Unos doscientos cuarenta y ocho años, entre doce y treinta en cada signo. Nadie vive su retorno y sus tránsitos no llegan a la misma edad en todas las generaciones.
Escorpio, como regente moderno. Lo comparte con Marte, su regente antiguo, así que Escorpio tiene la fuerza que aguanta y la que transforma.
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