CARTA NATAL - Grabada
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Reservar sesiónLa energía puesta en acción. Cómo vas por lo que quieres, cómo te defiendes, cómo te enfadas y cómo deseas, que en este planeta son cuatro caras del mismo motor y no cuatro asuntos distintos.
Por Maria Fernanda Abreu, astróloga | | 6 min de lectura
Marte es la energía puesta en acción. La parte de ti que arranca, que se planta, que discute cuando hay que discutir y que sale a buscar lo que quiere sin esperar a que se lo den. Es el motor de la carta, y todo lo que en la vida diaria se vive como coraje, como enfado, como deseo o como prisa sale del mismo sitio, que es lo primero que conviene entender de este planeta.
La lectura antigua de Marte lo dejó marcado como el planeta de la guerra y de los accidentes, y esa etiqueta sigue haciendo daño porque esconde el mecanismo. Lo que Marte reparte es capacidad de actuar, y esa capacidad se vuelve valentía cuando apunta a un objetivo que merece la pena y se vuelve agresividad cuando no encuentra a dónde ir.
La misma persona que sostiene una decisión difícil en el trabajo es la que estalla el sábado por una tontería, y no son dos temperamentos, es un solo motor con y sin volante.
De ahí sale un consejo que se repite en las consultas y que casi nunca se sigue. Un Marte sin gastar no se queda quieto, se convierte en irritación de fondo, en insomnio o en el dolor de espalda de quien lleva meses aguantando algo, así que el deporte, el trabajo físico y las discusiones que se dan a tiempo no son un desahogo opcional sino el uso previsto de esta energía.
La pregunta más útil que se le hace a este planeta es qué haces cuando algo te molesta, porque ahí la respuesta cambia entera según el signo. Marte en Aries se enfada de inmediato, dice lo que piensa y a los diez minutos ya se le pasó, mientras que Marte en Escorpio no dice nada, se lo guarda entero y responde meses después con una precisión que asusta.
Marte en Cáncer no ataca de frente casi nunca, se retira y deja de hablar, y Marte en Libra da tantas vueltas para no molestar que la molestia se le queda dentro y sale de lado.
Ninguna de esas maneras es mejor que otra, pero cada una tiene su factura. La rápida quema puentes que no hacía falta quemar y la lenta acumula una deuda que se cobra con intereses.
Saber cuál es la propia sirve sobre todo para reconocerla mientras está pasando, que es el único momento en que se puede hacer algo con ella.
Marte se ocupa también del deseo, del que empuja hacia una persona y del que empuja hacia un proyecto, y es la mitad que le falta a Venus para completar el cuadro. Venus dice qué te gusta y Marte dice qué haces con eso, así que en una carta se puede tener un gusto exquisito y una manera de acercarse torpe, o al revés, mucho empuje y poco criterio.
Cuando los dos se hablan bien la persona sabe lo que quiere y va a por ello, y cuando están enfrentados suele desear lo que no le conviene y no moverse por lo que sí.
En el trabajo esa misma energía es la que sostiene el arranque de cualquier cosa. Marte es quien empieza, y por eso los proyectos que nadie inicia y las conversaciones que nadie abre suelen estar señalando una zona de la carta donde este planeta lo tiene difícil.
El signo dice cómo actúas, si de golpe o por acumulación, de frente o por los lados. La casa dice en qué área se te va la energía y dónde aparecen los conflictos, ya que Marte en la casa 6 se juega en el trabajo diario y en el cuerpo, mientras que en la casa 7 pone el combate en los vínculos, no porque busque pelea sino porque necesita alguien enfrente con quien medirse.
Los aspectos dicen con qué frenos cuenta ese motor. Marte con Saturno actúa despacio y con miedo a equivocarse, aunque lo que hace queda bien hecho, y suele contar a alguien que de pequeño aprendió que enfadarse costaba caro. Con Urano actúa antes de pensar y se lleva por delante lo que haya.
Con Neptuno le cuesta encontrar la dirección, y con Plutón la fuerza se vuelve una cuestión de todo o nada. Cada tránsito de Marte por un punto de la carta dura unos días y se nota como un empujón, y su vuelta completa cada dos años suele coincidir con etapas en que algo se reinicia.
Marte rige Aries, donde la fuerza se ve y arranca sin pedir permiso, y Escorpio, donde la misma fuerza se guarda y aguanta hasta el momento exacto, que es por lo que a este segundo dominio se le olvida tan a menudo. Gobierna las casas 1 y 8 del zodiaco natural, y en el cuerpo se le atribuyen la musculatura, la cabeza y la sangre, además de la fiebre, los cortes y las operaciones.
Su metal es el hierro, su día es el martes, y todo lo que se hace con herramientas, con motores o con armas cae bajo su dominio.
Se exalta en Capricornio, donde por fin la fuerza tiene un plan y se administra en el tiempo, y le cuesta en sus dos exilios, Libra y Tauro, porque el primero se detiene a considerar la opinión ajena antes de actuar y el segundo prefiere no moverse mientras se esté a gusto. En Cáncer está en caída, ya que ahí la agresividad se vuelve indirecta y sale como retirada en vez de como acción.
El mito señala esa misma frontera, porque Ares mejoró las técnicas de combate y a la vez era, para los propios dioses del Olimpo, un pendenciero insoportable, o sea que la diferencia entre la fuerza útil y la fuerza que solo molesta nunca estuvo en la cantidad sino en la puntería.
El signo cambia por completo la manera en que este planeta funciona, así que cada combinación tiene su propia página.
La energía puesta en acción. Cómo vas por lo que quieres, cómo te defiendes, cómo te enfadas y cómo deseas, que son cuatro caras del mismo motor.
Es el planeta de la acción. Se vuelve valentía cuando apunta a algo que merece la pena y agresividad cuando no encuentra a dónde ir, y es la misma fuerza en los dos casos.
Lo dice el signo. Marte en Aries estalla y se le pasa, en Escorpio se lo guarda y responde meses después, en Cáncer se retira y deja de hablar, y en Libra da vueltas para no molestar.
Unos dos años, con unas seis semanas en cada signo. Cuando vuelve al punto donde estaba cuando naciste suelen coincidir etapas en que algo se reinicia.
Aries y Escorpio, y se exalta en Capricornio. En Aries la fuerza se ve y arranca, y en Escorpio se guarda y aguanta. Está en exilio en Libra y Tauro, y en caída en Cáncer.
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