CARTA NATAL - Grabada
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Reservar sesiónLo que agranda. La confianza, la generosidad, las ganas de más mundo y más sentido. Se le atribuye la suerte desde hace siglos, aunque lo que reparte de verdad es apetito, y en ese apetito están su regalo y su exceso.
Por Maria Fernanda Abreu, astróloga | | 6 min de lectura
Júpiter es lo que agranda. Todo lo que toca se hace más grande, para bien y para mal, así que amplía las oportunidades y también las facturas, ensancha la confianza y también la despreocupación. Es el planeta al que la tradición llamó el gran benéfico y el que más fama de fortuna arrastra, y esa fama tiene fundamento aunque describa mal el mecanismo.
Lo que Júpiter abre no es la puerta de la buena suerte sino el hambre. Hambre de más mundo, de más estudio, de más viaje y de más sentido, y quien tiene hambre se mueve, pregunta, se apunta y dice que sí antes de haber calculado si le alcanza el tiempo.
De tanto moverse acaba encontrando cosas que la persona quieta no encuentra, y a eso se le llamó suerte durante siglos. Visto así, el regalo y el exceso de este planeta son lo mismo, porque la misma hambre que consigue las oportunidades es la que hace decir que sí a tres cosas incompatibles el mismo mes.
Ese apetito no siempre es de cosas materiales. Júpiter rige los viajes largos, el extranjero, la ley, la filosofía y la enseñanza superior, o sea todo lo que obliga a salir del barrio propio para descubrir que en otra parte las cosas se hacen de otra manera.
La expansión que propone es sobre todo de la mirada, y por eso una vida sin Júpiter trabajando se vuelve estrecha aunque no le falte nada.
Júpiter y Saturno se reparten el trabajo de hacer adulta a una persona desde lados opuestos, y ninguno de los dos sirve solo. Saturno recorta, exige pruebas y obliga a demostrar que puedes sostener lo que pediste, mientras que Júpiter hace justo lo contrario, porque agranda, confía de más y empuja a comprometerse antes de tener el terreno firme.
Una vida con solo Saturno no arranca nunca, y una con solo Júpiter se llena de promesas que no se cumplen.
En la carta esa pareja se lee mirando cómo están los dos y cómo se hablan entre sí. Cuando Júpiter pesa mucho más que Saturno suele haber optimismo de sobra y poco seguimiento, y cuando pasa al revés hay disciplina de sobra y muy poca alegría.
Lo interesante es que los dos son corregibles, porque son los dos planetas sociales de la carta, los que hablan de tu trato con el mundo de afuera y no de tu carácter íntimo.
El signo dice con qué estilo te expandes y en qué crees, ya que Júpiter en Virgo confía en el trabajo bien hecho y Júpiter en Piscis confía en que algo aparecerá, y las dos son fe, solo que puesta en sitios distintos. La casa dice en qué área de la vida se te agranda todo y dónde tienes crédito, así que Júpiter en la casa 2 suele traer buena mano con el dinero y la tentación de gastarlo, y en la casa 9 trae la vida que se ensancha viajando y estudiando.
Los aspectos dicen qué le pasa a esa expansión cuando otro planeta la toca. Júpiter con Saturno construye despacio y sostiene lo que consigue, y es de los mejores contactos para una carrera larga. Con Neptuno agranda la imaginación y también la capacidad de engañarse.
Con Marte da un empuje enorme y poca prudencia. Como tarda doce años en dar la vuelta y pasa uno en cada signo, sus tránsitos se notan como una racha buena que dura meses, y su regreso al punto natal cada doce años suele marcar el inicio de una etapa más ancha.
Que a Júpiter se le llame benéfico no significa que todo lo suyo salga bien, y este es el punto donde más se equivoca quien empieza. Un Júpiter muy fuerte y sin freno agranda también lo que no convenía agrandar, así que infla el gasto, el peso, las promesas y la opinión que se tiene de uno mismo.
La tradición ya avisaba de eso al asociarlo con los excesos de la mesa y con la desmesura de quien no sabe parar.
La versión útil de este planeta no es la que reparte regalos sino la que abre criterio. Júpiter en su mejor forma da la capacidad de ver el conjunto, de entender el sentido de lo que se hace y de confiar en que hay más camino del que se ve desde aquí, y esa confianza es la que sostiene a alguien en los años en que Saturno le está cobrando.
Júpiter rige Sagitario, donde la expansión va hacia fuera, hacia lo lejano y lo que se puede aprender, y Piscis, donde va hacia dentro y se vuelve compasión y fe. Gobierna las casas 9 y 12 del zodiaco natural, y en el cuerpo se le atribuyen el hígado, las caderas y todo lo que crece de más.
Su metal es el estaño y su día es el jueves, que en muchos idiomas lleva el nombre del dios que lo rige.
Se exalta en Cáncer, donde la generosidad encuentra a quién cuidar y la abundancia tiene sentido si se comparte, y le cuesta en Géminis y en Virgo, sus dos exilios, porque los dos son signos de detalle y Júpiter trabaja con el conjunto, así que ahí la mirada grande se pierde entre datos. En Capricornio está en caída, ya que ese signo mide, calcula y desconfía de lo que no está probado, que es la manera más rápida de apagarle el entusiasmo a este planeta.
Ninguna de esas posiciones quita la fe, solo obliga a fundamentarla.
El signo cambia por completo la manera en que este planeta funciona, así que cada combinación tiene su propia página.
Lo que agranda. La confianza, la generosidad y las ganas de más mundo y más sentido. Rige los viajes largos, el extranjero, la ley y la enseñanza superior.
Reparte apetito antes que fortuna. Ese apetito hace que la persona se mueva y pregunte, y quien se mueve encuentra cosas que la persona quieta no encuentra. A eso se le llamó suerte.
Cada doce años. Pasa uno en cada signo, así que sus tránsitos se notan como una racha buena que dura meses y su regreso suele abrir una etapa más ancha.
Uno agranda y el otro recorta. Saturno exige pruebas y Júpiter confía de más, y hacen falta los dos, porque una vida con solo Saturno no arranca y una con solo Júpiter no termina nada.
Sagitario y Piscis, y se exalta en Cáncer. En Sagitario la expansión va hacia lo lejano y en Piscis hacia dentro. Está en exilio en Géminis y Virgo, y en caída en Capricornio.
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