CARTA NATAL - Grabada
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Reservar sesiónLlegas y ya viste lo que falla. Esta puerta observa antes de participar, separa en la cabeza lo que sirve de lo que sobra y deja una impresión de persona seria, discreta y útil.
Por Maria Fernanda Abreu, astróloga | | 6 min de lectura
El Ascendente en Virgo entra en cualquier sitio observando. Antes de participar, esta puerta ya separó lo que sirve de lo que sobra, y esa observación va con una discreción que hace que se la tenga por una persona seria y de fiar. Mercurio rige esta puerta, así que lo que se ofrece de entrada es criterio y utilidad, y por eso a quien la tiene se le pide ayuda cuando hay algo que resolver.
Este Ascendente se reconoce por lo que no hace. No ocupa más sitio del necesario, no levanta la voz, no exagera, y esa contención se lee desde fuera como seriedad y como orden.
Suele haber una pulcritud en la manera de vestir y de moverse, aunque el estilo sea informal, y una atención al detalle que se nota en cosas pequeñas.
La tradición le da a Virgo el gobierno de los intestinos y de la digestión, y ese dato es más útil de lo que parece, porque con esta puerta los nervios se van al estómago y las temporadas de exigencia se notan enseguida en cómo sienta la comida. Cuidar el ritmo es aquí una medida práctica y no un consejo genérico.
Con Virgo en la casa 1, el regente del Ascendente es Mercurio, que además se exalta en ese signo, así que aquí la mente encuentra su mejor forma. La pregunta práctica es en qué casa cayó tu Mercurio, porque ahí está el terreno donde ese criterio rinde de verdad.
Un Mercurio en la casa 6 lleva ese ojo al trabajo diario y suele traer a alguien muy bueno en su oficio, mientras que uno en la casa 3 lo lleva a la palabra y al entorno cercano. El signo matiza el ritmo, porque un Mercurio en Leo comunica con calor lo que Virgo analizó en frío, y esa mezcla es la que hace que dos personas con el mismo Ascendente se expliquen de manera distinta.
A esta puerta se la llama crítica, y el juicio necesita un matiz importante. El mismo criterio que arregla una tarea, ordena un proyecto y encuentra el fallo antes de que sea un problema es el que se aplica contra uno mismo en cuanto se descuida, y ahí es donde esta energía hace daño.
La tarea de este Ascendente es concreta, que la exigencia mire hacia fuera, hacia lo que se hace, y no hacia dentro, hacia lo que se es. Quien la tiene suele necesitar años para entender que el listón que pone a los demás es mucho más suave que el que se pone a sí mismo, y que se puede bajar el segundo sin bajar el primero.
Con el Ascendente en Virgo el Descendente cae en Piscis, y ese contraste explica una atracción muy repetida, la de las personas sensibles, artísticas o poco prácticas. Lo que esta puerta ofrece es orden y lo que busca fuera es justamente lo que no se puede ordenar.
El aprendizaje de ese eje es aceptar lo que no tiene arreglo. Hay cosas que no se resuelven analizándolas, y con este Descendente la vida las pone delante hasta que se aprende a soltarlas.
Cuando eso ocurre, el criterio de Virgo se vuelve compasivo y deja de ser solo afilado.
La ventaja es que a su alrededor las cosas funcionan. Quien tiene esta puerta ve el fallo antes de que crezca, ordena lo que estaba disperso y mejora lo que otros dieron por terminado, y ese servicio es de los más valiosos y de los menos reconocidos.
El entrenamiento que pide es aflojar sin dejar de cuidar el detalle. Aceptar que algo puede estar bien sin estar perfecto, y que descansar no es perder el tiempo.
Con eso resuelto, esta puerta une la utilidad con la calma, que es una combinación difícil de encontrar.
Llegas y ya viste lo que falla. Es la manera de entrar a los sitios y la primera impresión que deja, no el carácter entero.
Mercurio. Ese planeta pasa a ser la pieza más importante de la carta después del Sol y la Luna, así que hay que mirar en qué casa cayó.
Porque nadie se ve entrar a los sitios. Esta parte de la carta la conocen mucho mejor las personas de alrededor, y suele confirmarla alguien de confianza.
El Sol es en qué te vas convirtiendo y el Ascendente es cómo entras. Los dos son verdad a la vez, y por eso una persona puede sentirse muy distinta de como la describen.
Piscis. Es el signo de la casa 7, y describe lo que se busca en los vínculos y la parte propia que está sin desarrollar.
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