CARTA NATAL - Grabada
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Reservar sesiónLlegas despacio y te quedas. Esta puerta mide el terreno con los cinco sentidos antes de dar un paso, así que lo primero que transmite es calma y la sensación de que ahí no se altera nadie.
Por Maria Fernanda Abreu, astróloga | | 6 min de lectura
El Ascendente en Tauro entra al mundo comprobando que el suelo aguanta. Antes de moverse, esta puerta toca, mira, huele y calcula, y hasta que no tiene la certeza no avanza, así que la primera impresión que deja es de serenidad y de alguien con quien da gusto sentarse a comer. Venus rige esta puerta, y eso se nota en la voz, en el gusto y en la manera tranquila de estar.
Este Ascendente se nota antes en el ritmo que en las palabras. El paso es firme y sin prisa, la voz suele ser agradable y a menudo grave, y hay una presencia física que ocupa sitio sin necesidad de hacer ruido.
La tradición le da a Tauro el gobierno del cuello y de la garganta, y por eso aquí aparecen tanto las voces bonitas como las anginas cuando algo no se dice a tiempo.
Lo que la gente percibe de entrada es estabilidad. Quien tiene esta puerta transmite que no se va a alterar por cualquier cosa, y eso hace que los demás se relajen a su lado y le cuenten cosas que no cuentan en otros sitios.
Tauro es fijo, o sea que su función es sostener lo que ya arrancó, y esa cualidad convierte a esta puerta en un sitio donde las cosas duran.
Con Tauro en la casa 1, el regente del Ascendente es Venus, así que ese planeta se convierte en la pieza que dirige la vida entera. La pregunta práctica no es qué significa el Ascendente en Tauro sino en qué casa y en qué signo cayó tu Venus, porque ahí está el terreno donde esta puerta rinde de verdad.
Un Venus en la casa 2 refuerza la relación con lo material y suele traer buena mano para atraer recursos, mientras que un Venus en la casa 9 lleva ese mismo gusto hacia lo lejano, hacia otras culturas y otras mesas. Y el signo cambia el estilo, porque un Venus en Aries desea de frente y uno en Virgo afina cada detalle antes de disfrutarlo.
A este Ascendente se le acusa de lento, y conviene corregir el juicio a mitad de camino. Lo que hace no es tardar por gusto sino comprobar, y esa comprobación es la razón por la que lo que construye no se cae.
En un mundo que premia la velocidad, esta puerta parece ir a destiempo hasta que se mira lo que queda al cabo de diez años.
La trampa real está en otro sitio. La comodidad puede volverse un sofá del que ya no se levanta nadie, y un cambio necesario puede atrasarse dos años solo porque el sitio conocido resultaba más suave.
La señal de alarma no es ir despacio, es no moverse.
Con el Ascendente en Tauro el Descendente cae en Escorpio, y ese contraste explica mucho de la vida afectiva de quien tiene esta puerta. Lo que se busca fuera es intensidad, profundidad y verdad sin adornos, justo lo contrario de la calma que se ofrece, y por eso suelen aparecer vínculos que remueven bastante más de lo que la superficie de esta persona haría suponer.
Ese eje plantea un aprendizaje concreto, el de dejarse transformar sin perder el suelo. Tauro conserva y Escorpio remueve, y una vida sana se mueve entre las dos cosas en vez de instalarse en una.
La ventaja de esta manera de llegar es que da confianza, y eso vale mucho en cualquier trabajo con personas y en cualquier proyecto largo. Quien tiene esta puerta es a quien se le pide que sostenga algo cuando las cosas se ponen difíciles, y suele cumplir.
El entrenamiento que pide es soltar a tiempo. No dejar que la resistencia al cambio decida por uno, y aprender a distinguir entre lo que se conserva porque vale y lo que se conserva porque moverlo da pereza.
Cuando esta puerta se atreve a mover algo, lo hace con una firmeza que ya no da marcha atrás.
Llegas despacio y te quedas. Es la manera de entrar a los sitios y la primera impresión que deja, no el carácter entero.
Venus. Ese planeta pasa a ser la pieza más importante de la carta después del Sol y la Luna, así que hay que mirar en qué casa cayó.
Porque nadie se ve entrar a los sitios. Esta parte de la carta la conocen mucho mejor las personas de alrededor, y suele confirmarla alguien de confianza.
El Sol es en qué te vas convirtiendo y el Ascendente es cómo entras. Los dos son verdad a la vez, y por eso una persona puede sentirse muy distinta de como la describen.
Escorpio. Es el signo de la casa 7, y describe lo que se busca en los vínculos y la parte propia que está sin desarrollar.
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