CARTA NATAL - Grabada
Envío We-Transfer
Reservar sesión
Astrocartografía
Una parte dice que el sitio es precioso y la otra que precisamente por eso no sirve. La pelea es vieja y aquí se ve entera.
Por Maria Fernanda Abreu, astróloga | | 3 min de lectura
Hay una parte que dice que el sitio es precioso y otra que dice que precisamente por eso no sirve. En el lugar donde estas dos líneas se encuentran esa pelea deja de ser interior y se pone delante, dramatizada en el paisaje.
Una dice que el sol da bien en la piel, que la gente resulta fácil y amable y que la vida no tiene por qué ser dura. La otra contesta que no hay que ponerse cómodo, ni sentirse guapo, ni disfrutar de los sentidos, y que si algo se disfruta es que no se ha ganado.
Instalarse aquí se siente entonces como estar tirado hacia dos direcciones a la vez, y no porque falte decisión ni porque el sitio se resista. Lo que ocurre es que una escisión que ya existía por dentro encuentra un escenario donde representarse a tamaño real.
Lo útil de eso es que se ve. Mientras la pelea vive en la cabeza no hay manera de arbitrar, y en cambio puesta en un lugar concreto se puede mirar de frente y decidir a cuál de las dos voces se le da la razón, que casi siempre es la primera.
Debajo hay una duda antigua sobre el propio valor, y una idea instalada de que el afecto es algo que hay que merecer. De ahí sale la costumbre de medir el cariño por el tiempo que alguien dedica, y de ofrecer el propio tiempo hasta volverse indispensable, que es la manera que tiene esta combinación de sujetar un vínculo.
De ahí sale también la sospecha permanente de que el amor del otro está bajando, y con ella la exigencia de que lo demuestre, que carga de tensión cualquier relación. Cuesta creerse que alguien pueda enamorarse de uno, y cuando la cosa va bien aparece igual la idea de que puede terminar cualquier día.
Y sin embargo esta es la zona donde los vínculos se vuelven de verdad. Aquí funcionan mejor cuando ya pasaron el encanto y la ilusión del principio, porque lo que queda es el trato con lo real y con lo que cuesta sostener algo durante años. Quien atraviesa esto acaba relacionándose a un nivel más hondo, y aprende a la vez a dar y a recibir sin sentirse en deuda.
Es una sensación muy concreta, la de querer quedarse y a la vez sentir que no toca. Comprobar si esta combinación pasaba por ahí lleva un minuto.
Porque una grieta interior que ya venía de antes halla en ese sitio un escenario para representarse a tamaño real. Una mitad se querría quedar por lo a gusto que está y la otra desprecia justamente eso.
La sospecha vieja de no valer gran cosa, sumada a la convicción de que el cariño se gana, con lo cual gozar de algo sin haberlo trabajado parece prohibido.
Contando las horas que el otro dedica como si fueran la prueba de que quiere, y esperando la señal de que ese querer se está apagando. Vigilar así desgasta a cualquier pareja.
Bastante, y es lo contrario de lo que parece. Sus relaciones mejoran cuando se apaga el deslumbre inicial, porque a partir de ahí queda lo verdadero y lo que aguanta el paso de los años.
A entregar afecto y a aceptarlo sin la sensación de estar contrayendo una deuda, que es justo lo que al principio esta combinación vuelve cuesta arriba.
Una sesión de astrocartografía sirve para ver qué destinos ponen esa pelea encima de la mesa y cuáles la dejan tranquila.
Maria Fernanda Abreu, astróloga profesional, fundadora de Espacio de Mafe.
Envío We-Transfer
Reservar sesión
Vía Zoom
Reservar sesión
Envío por WeTransfer
Reservar sesión
Vía Zoom
Reservar sesión
Envío Wetransfer
Reservar sesión
Vía Zoom - ¿Dónde pasar mi cumpleaños?
Reservar sesión
Vía Zoom
Reservar sesión
Vía Zoom
Reservar sesión