CARTA NATAL - Grabada
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Reservar sesiónTe calmas resolviendo. Pedir ayuda te cuesta el doble que sostener a todo el mundo, y contigo eres más exigente de lo que serías con cualquiera.
Por Maria Fernanda Abreu, astróloga | | 6 min de lectura
La Luna en Capricornio se calma haciéndose cargo. Cuando algo se complica, esta posición no busca consuelo, busca la manera de resolverlo, y de hecho el consuelo ajeno le resulta incómodo mientras el problema siga ahí. La tradición la llama exilio, y esa palabra suena peor de lo que es, así que conviene explicar exactamente qué significa.
Exilio significa que la Luna está en el signo opuesto al que rige, o sea lo más lejos posible de su terreno. La Luna pide cuidado, contacto y permiso para necesitar, mientras que Capricornio pide aguante, autonomía y no molestar, así que este sistema emocional funciona a contracorriente de lo que le pediría su naturaleza.
Eso no lo hace peor, lo hace más costoso. Quien tiene esta Luna desarrolla una capacidad de sostener enorme, cumple lo que promete y es la persona en la que todo el mundo se apoya, y a cambio le toca aprender de adulto algo que otras posiciones traen puesto, que es dejarse ayudar.
Esta posición suele contar una infancia en la que hubo que madurar antes de tiempo. A veces por una situación familiar concreta, a veces porque el ambiente premiaba la seriedad, y a veces simplemente porque no había nadie más disponible para ocuparse de las cosas.
De ahí sale el patrón que más pesa aquí, el de creer que el cariño se gana cumpliendo. Esta Luna trabaja, resuelve y sostiene esperando que eso baste, y le cuesta entender que a la gente que la quiere le vale con mucho menos.
Con esta Luna no funcionan bien las palabras de ánimo, funcionan las soluciones. Un plan, una lista de pasos o alguien que se ocupe de una parte concreta del problema alivian de verdad, mientras que decirle que todo va a salir bien la deja igual o peor.
Eso hay que traducirlo para quien vive con ella. Preguntarle qué necesita que se haga es mucho más útil que preguntarle cómo se siente, al menos al principio, porque en esta posición lo segundo llega después de lo primero.
Hay una particularidad de esta Luna que conviene decir porque consuela. Capricornio rejuvenece, así que esta posición suele empezar la vida con más peso del que le tocaba y aligerarse con el tiempo, y muchas personas con esta Luna descubren a partir de los cuarenta una capacidad de disfrutar que no tenían a los veinte.
El trabajo que lo acelera es concreto, y consiste en pedir cosas pequeñas antes de necesitarlas mucho. Esta Luna solo pide cuando ya no puede más, y aprender a hacerlo antes cambia bastante la vida diaria.
Saturno rige Capricornio, así que con esta Luna la posición de Saturno es la pieza clave, porque señala dónde llegan las pruebas y dónde se construye la seguridad que esta Luna busca. Y merece la pena mirar los tránsitos de Saturno, porque a esta posición la marcan más que a ninguna otra.
La casa de la Luna dice dónde se ejerce esa responsabilidad, y los aspectos deciden si hay alivio. Con Venus o con Júpiter tocando a esta Luna aparece una ligereza que la posición sola no trae, y conviene apoyarse en ella.
Te calmas resolviendo. Es cómo reaccionas cuando algo se tuerce y qué necesitas para sentirte a salvo.
Hace falta la fecha y, si es posible, la hora. La Luna cambia de signo cada dos días y cuarto, así que quien nació en un día de cambio necesita la hora exacta.
El Sol es lo que decides ser y la Luna lo que ya eras. El Sol se gana con los años y la Luna aparece entera en cuanto algo te pilla desprevenido.
No es malo, es más costoso. La Luna pide cuidado y Capricornio pide aguante, así que hay que aprender de adulto a dejarse ayudar.
No. La casa donde cae dice en qué área buscas ese refugio y los aspectos cuentan cómo aprendiste a manejarlo.
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