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Reservar sesiónLa última casa y la menos visible. El inconsciente, lo que se hace a solas, lo que no se muestra y todo lo que sigue funcionando dentro de una persona sin que se dé cuenta.
Por Maria Fernanda Abreu, astróloga | | 6 min de lectura
La casa 12 es lo que no se ve. Lo que ocurre a solas, lo que no se enseña, lo que se hace entre bambalinas y todo lo que sigue funcionando dentro de una persona sin que se dé cuenta. Cierra la rueda justo antes del Ascendente, así que es lo último que se atraviesa antes de volver a empezar, y esa posición explica por qué aquí está lo que se disuelve, lo que se suelta y lo que se prepara sin testigos.
El territorio de esta casa es el inconsciente, entendido de manera muy práctica. Son los automatismos que se disparan sin decisión, los miedos que no se saben nombrar, los patrones que se repiten aunque cambien las personas y todo lo que una persona hace sin saber por qué lo hace.
Ese material no está ahí para atormentar a nadie, está sin mirar, que es distinto.
Por eso los planetas en esta casa se describen a menudo como enterrados. No es que no funcionen, es que funcionan sin que la persona los reconozca como suyos, y por eso los ve en los demás o los vive como algo que le pasa.
El trabajo con esta casa consiste justamente en devolverle el nombre a esas piezas, que es lo que hace que dejen de mandar a oscuras.
La tradición la cargó con todo lo malo, o sea el encierro, los hospitales, los enemigos ocultos, las pérdidas y el sacrificio, y esa lista asustó a muchas generaciones. Detrás de esas palabras hay un mecanismo común, que es el de los sitios y los momentos donde una persona queda fuera de circulación, y hoy eso incluye desde una convalecencia hasta un retiro voluntario o una temporada de estudiar sin ver a nadie.
Lo que sí es cierto es que aquí se pierde cosas, y que esa pérdida suele ser de aquello a lo que se estaba agarrado sin necesidad. La casa 12 no destruye, disuelve, y lo que queda después de una temporada suya es una persona con menos equipaje.
Nadie mira una casa 12 cargada y anuncia una desgracia, porque no funciona así.
De todas las lecturas de esta casa, la más útil en la vida diaria es la de la soledad necesaria. Quien tiene planetas aquí suele necesitar bastante más tiempo a solas del que se atreve a pedir, y cuando no se lo da aparece un cansancio raro que no se arregla durmiendo.
No es antipatía ni tristeza, es el modo en que esta casa se recarga.
Ahí caen también los oficios que se ejercen en privado, o sea todo lo que se hace en un estudio, en una consulta, en un laboratorio o en una habitación cerrada, lejos del público. Mucha gente con una casa 12 fuerte trabaja bien justamente donde no la ven, y le sienta fatal la oficina abierta con quince personas alrededor.
El signo de la cúspide dice de qué color es ese mundo interno, ya que una casa 12 en Aries suele guardar la rabia sin permiso para expresarla, mientras que una en Libra guarda la necesidad de agradar que no se reconoce. El regente dice por dónde sale a la superficie, así que su regente en la casa 10 se lee a menudo como alguien cuya vida pública acaba tocando lo que había escondido.
Los planetas dentro piden un cuidado especial en la lectura. El Sol aquí cuenta a alguien que tarda en identificarse con lo que es y que a menudo brilla ayudando a otro, la Luna una sensibilidad enorme con poca frontera con el ambiente, Venus un amor que empieza a escondidas o que cuesta mostrar, y Marte una fuerza que se reprime hasta que estalla o se convierte en trabajo silencioso.
La 6 y la 12 forman el eje del cuidado, y son la misma pregunta hecha desde dos sitios. La 6 quiere ordenar, resolver y mantener el cuerpo funcionando, y la 12 pide soltar lo que no se puede arreglar y aceptar que hay cosas que solo se curan parando.
Una vida solo en la 6 se convierte en una lista de tareas infinita, y una solo en la 12 no llega a concretar.
La instrucción de esta casa es la más difícil de todas, porque no es hacer algo sino dejar de hacer. Y como cierra la rueda, lo que se suelta aquí es exactamente lo que deja sitio para lo que empieza en la casa 1.
Lo que no se ve. El inconsciente, lo que se hace a solas, el retiro, los miedos que no se nombran y los patrones que se repiten.
Es la casa de lo que se disuelve. La tradición le colgó el encierro y las pérdidas, y lo que se pierde suele ser aquello a lo que se estaba agarrado sin necesidad.
Que la identidad tarda en reconocerse. Suele traer a alguien que brilla ayudando a otro y que necesita más soledad de la que se atreve a pedir.
Porque funcionan sin que la persona los reconozca. Se ven en los demás o se viven como algo que pasa, hasta que se les devuelve el nombre.
Porque forman el eje del cuidado. La 6 quiere ordenar y resolver, y la 12 pide soltar y aceptar que hay cosas que solo se curan parando.
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