CARTA NATAL - Grabada
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Reservar sesiónDos planetas que hablan el mismo idioma y se entienden sin esfuerzo. Es la cuesta abajo de la carta, el talento que sale tan fácil que a veces ni se nota que está.
Por Maria Fernanda Abreu, astróloga | | 5 min de lectura
El trígono es el círculo dividido por tres, y une casi siempre planetas del mismo elemento, así que los dos hablan el mismo idioma y se entienden sin que nadie tenga que hacer nada. Es la cuesta abajo de la carta, el sitio donde las cosas salen bien a la primera, y por eso lleva siglos con fama del mejor aspecto. Esa fama es merecida y a la vez esconde un problema que conviene conocer.
Lo primero que hay que decir de un trígono es que quien lo tiene rara vez sabe que lo tiene. Como funciona sin esfuerzo desde siempre, se da por hecho, y la persona supone que a todo el mundo le sale igual de fácil.
Por eso los trígonos aparecen muchas veces en las cosas que alguien hace bien sin haberlas estudiado y a las que no les da ningún mérito.
Ahí hay una lección práctica que se repite en consulta. Muchas veces lo que a alguien le sirve para ganarse la vida está en un trígono que había descartado justamente por resultarle demasiado sencillo, y en cambio se esfuerza en un terreno donde tiene una cuadratura y todo le cuesta el doble.
Aquí está la corrección al cliché de que es el mejor aspecto. El trígono mantiene el estado de las cosas, y eso es una ventaja cuando lo que mantiene es bueno y un problema serio cuando no lo es.
Un trígono entre planetas difíciles conserva también esa dificultad, y encima la vuelve invisible, porque al no producir fricción la persona nunca se plantea que haya algo que revisar.
Esa es la razón por la que a veces un aspecto tenso resulta más útil que uno fácil. La tensión avisa y empuja a cambiar, mientras que la fluidez deja las cosas como estaban durante décadas sin que nadie las mire.
Los planetas en trígono suelen estar en signos del mismo elemento, y ese detalle dice bastante de cómo se nota. Un trígono de fuego reparte entusiasmo y capacidad de arrancar, uno de tierra reparte constancia y buen sentido práctico, uno de aire da facilidad para entender y comunicar, y uno de agua da intuición y una sensibilidad que no necesita explicación.
Cuando tres planetas forman trígonos entre sí, cerrando un triángulo, se llama gran trígono, y esa figura concentra mucha facilidad en un elemento. Suele traer un talento notable y también la tendencia a apoyarse solo ahí, dejando sin desarrollar lo que ese elemento no cubre.
Un trígono no hace nada por su cuenta. Da una facilidad disponible, y si nadie la usa se queda ahí sin producir resultados, que es lo que ocurre con la mayoría.
La instrucción es sencilla de decir y difícil de aplicar, y consiste en buscar en la carta lo que sale fácil y ponerlo a trabajar a propósito, en vez de dejarlo como un rasgo simpático.
La combinación más productiva suele ser un trígono junto a una cuadratura, porque la tensión pone la energía y la fluidez pone la salida. Ahí es donde una carta rinde de verdad.
El trígono se cuenta a 120 grados con un margen de unos ocho, y como en todos los aspectos, cuanto más exacto más se nota. También hay trígonos fuera de signo, cuando los grados cuadran pero los signos no comparten elemento, y en esos casos la fluidez sigue existiendo aunque pierde parte de su lógica.
Conviene no confundirlo con el sextil, que es su versión más suave. El trígono da sin pedir nada y el sextil abre una puerta que hay que empujar, así que uno se disfruta y el otro se aprovecha.
Dos planetas que se entienden sin esfuerzo. Es el talento que sale solo, casi siempre entre signos del mismo elemento.
Porque funcionan desde siempre y se dan por hecho. Quien los tiene supone que a todo el mundo le sale igual de fácil, así que no les da ningún mérito.
Mantiene las cosas como están. Eso es una ventaja cuando lo que mantiene es bueno, y un problema cuando conserva una dificultad y la vuelve invisible.
Tres planetas formando un triángulo. Concentra mucha facilidad en un elemento, con el riesgo de apoyarse solo ahí.
El trígono da sin pedir nada y el sextil hay que empujarlo. Uno se disfruta y el otro se aprovecha, y por eso el sextil rinde solo si se usa.
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