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Carta natal
Es la puerta por la que sales al mundo, la primera impresión que das sin proponértelo y la razón de que tu horóscopo no te calce.
Por Maria Fernanda Abreu, astróloga · · 7 min de lectura
A casi todo el mundo le ha pasado con su horóscopo. Lees los rasgos de tu signo, esperas reconocerte y la mitad no te calza, o peor, la gente te describe con palabras que no se parecen en nada a como te sientes por dentro. Antes de concluir que la astrología no funciona, falta conocer una pieza, y es justo la que el horóscopo del periódico no puede darte porque depende de tu hora exacta de nacimiento.
Esa pieza es el ascendente, y junto con el Sol y la Luna forma el trío que carga la mitad del retrato de cualquier carta natal.
El ascendente es el signo que asomaba por el horizonte, al este, en el instante y el lugar exactos en que naciste. Mientras los planetas se mueven a su ritmo por el cielo, el horizonte recorre los doce signos en un solo día porque depende de la rotación de la Tierra, así que el ascendente cambia de signo más o menos cada dos horas.
De ahí viene la obsesión de la astrología con la hora exacta. Dos personas nacidas el mismo día en la misma ciudad comparten todos los planetas en los mismos signos, pero si nacieron con tres horas de diferencia tienen ascendentes distintos, y con eso les cambia la carta entera. Es también la razón de que "naciste por la tarde" no alcance para calcularla.
Al ascendente se le suele llamar la máscara, y la palabra confunde, porque una máscara se elige y esto no se elige. El ascendente es tu manera automática de presentarte ante lo nuevo, el tono con el que contestas el teléfono a un número desconocido, la cara con la que entras a un sitio donde no conoces a nadie, la primera marcha con la que arrancas cualquier cosa. No lo actúas, te sale solo, y por eso dice algo verdadero de ti aunque no sea toda la historia.
En la práctica funciona como la puerta de tu casa. Todo lo que entra y sale de ti pasa por ahí, así que el mundo te conoce primero por la puerta y solo después, con confianza, va descubriendo las habitaciones.
Aquí se resuelve el misterio del horóscopo que no calza. El Sol es tu núcleo, tu identidad y tu motor, pero es un fondo que se conoce con el tiempo. El ascendente, que es la superficie de contacto, es lo que la gente ve primero y muchas veces lo único que llega a ver.
Piensa en alguien con el Sol en Escorpio y el ascendente en Libra. Por dentro siente intensamente y se guarda casi todo, pero recibe con una amabilidad que suaviza cualquier cuarto, así que el mundo jura que es pura diplomacia. O al revés, alguien con el Sol en Piscis y el ascendente en Capricornio, que por dentro es una esponja emocional y por fuera proyecta una seriedad de gerente. Cuando esa persona lee su horóscopo de Piscis, siente que le hablan de otra persona, y cuando lee el de su ascendente, de repente todo suena más familiar. Su gente cercana la reconoce en el Sol, y quien la acaba de conocer la describe por el ascendente.
Ninguno de los dos es más verdadero. Eres las dos cosas a la vez, y buena parte de conocerse con la carta es ver cómo conviven ese fondo y esa puerta en tu caso concreto.
Hay una segunda función menos famosa y más poderosa. El ascendente abre la casa uno, y a partir de ahí se ordenan las doce casas de la carta, que son las áreas de la vida donde trabaja cada planeta. Cambiar el ascendente no solo cambia la puerta, reordena la casa entera, porque ese mismo Sol tuyo puede caer en la casa del trabajo, en la del hogar o en la de los vínculos según la hora en que naciste.
Por eso en una carta el ascendente pesa tanto como el Sol y la Luna, y por eso una carta calculada con hora exacta cuenta muchísimo más que una aproximada.
Cada signo tiene un planeta que lo rige, y el planeta que rige tu ascendente se gana un título especial, el de regente de la carta. Según el signo, la casa y los aspectos que tenga, ese planeta le pone color a tu actitud entera ante la vida. Un ascendente en Aries se lee siempre junto con el Marte de esa carta, y un ascendente en Cáncer, junto con su Luna, porque ahí está la otra mitad de la historia de la puerta.
Como pista rápida para tu primera lectura, el elemento del ascendente ya dice mucho. Los de fuego y aire sacan la energía hacia afuera y arrancan conversando o haciendo, mientras que los de tierra y agua la guardan y observan primero, cada uno con su estilo de entrada.
La calculadora de Espacio de Mafe te dice tu ascendente al instante junto con tu Sol y tu Luna, y te dibuja la carta completa con la lectura de cada pieza. Gratis y sin registro.
Sin hora no hay ascendente confiable, pero antes de resignarte hay camino. La partida de nacimiento registra la hora al minuto en casi todos los países, así que pídela en el registro civil de tu ciudad, que suele ser un trámite corto. La memoria de la familia ayuda a acotar, aunque sola no basta, porque un par de horas de diferencia cambian el signo completo.
Y si la hora no aparece por ningún lado, existe la rectificación, un trabajo de consulta que reconstruye la hora probable a partir de las fechas de los eventos grandes de tu vida, las mudanzas, los cambios de rumbo, las pérdidas y los comienzos. Es artesanal y toma su tiempo, pero recupera una carta que parecía perdida.
En una consulta de carta natal vemos cómo conviven tu ascendente, tu Sol y tu Luna en tu caso concreto, y si tu hora de nacimiento está perdida, la rectificación es parte del trabajo.
Maria Fernanda Abreu, astróloga profesional, fundadora de Espacio de Mafe.
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