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Astrocartografía
Las ilusiones se evaporan y con ellas buena parte del orden mental de siempre. Lo que queda en pie después se puede usar.
Por Maria Fernanda Abreu, astróloga | | 3 min de lectura
Aquí los ideales y las ilusiones se queman como la niebla de la mañana. En el tramo donde estas dos líneas se recubren se desmonta además buena parte del orden postizo que la cabeza había montado, y lo que queda es una visión más alta y más clara, aunque asuste y aparte de los demás.
Se puede salir de ahí con amargura, por haber pasado por lo peor y por haber visto una manera inmadura de mirar el mundo, quizá demasiado hija de la ficción o de una infancia protegida, destrozada de forma violenta y para siempre.
Y esa es justamente la ganancia, porque cualquier parte de la propia visión o del propio sistema de creencias que sobreviva a las experiencias de esta zona tormentosa se puede dar por real y por duradera. La creencia en sí pasa a verse como una forma de neurosis, y lo que uno es emerge como la única ancla en un mar de valores que se mueven.
La sensibilidad se reduce ante la ansiedad, y los miedos y los ataques de conciencia acompañan la limpieza espiritual que ocurre aquí, con una sensación de agotamiento, de pérdida de fe, de desesperanza y de cinismo.
Todo eso termina siendo reemplazado por unos valores sentidos de verdad y por una realidad espiritual más valiosa de lo que las viejas ilusiones podrían haber sido nunca. Pasado ese purgatorio, cuesta encontrar en qué creer, y es exactamente en ese punto donde aparece la fuerza para ver el mundo de una manera más amplia, gracias al descubrimiento de la propia solidez interior.
En las fases anteriores de este proceso el tedio, el aburrimiento y la impresión de que todo está hueco pueden ocuparlo todo, exigiendo que la atención se dirija hacia la voz de dentro mientras las realidades de fuera y su sentido se apagan.
Se puede llegar a comprobar que existe más de un nivel de conciencia, un hallazgo enorme que entrega la herramienta con la que lo interior gobierna y transforma lo exterior. Y aunque manipular la realidad tiene sus peligros y la apuesta es alta cuando se intenta crecer tan por encima del ambiente propio, lo práctico se descuida aquí a favor de esa transformación de dentro.
Y si lo que quedó después resultó ser de fiar, más todavía. El mapa se traza con tu fecha, tu hora y tu ciudad de nacimiento.
Que los sueños y los espejismos se disipan como bruma temprana, y con ellos se desmorona gran parte del andamiaje falso que la razón había levantado.
Únicamente lo que era cierto en la forma de mirar y de creer de cada quien, y esa porción resiste después cualquier envite.
Llegan el cansancio hondo, la fe que se apaga, el desaliento y la desconfianza, junto con un tedio en el que nada parece tener fondo.
Convicciones vividas de verdad y una dimensión espiritual que vale mucho más que los espejismos derribados, además del temple para mirar el mundo con otros ojos.
Comprobar que la conciencia tiene más de un piso, un descubrimiento que pone en la mano la palanca con la que lo interior modifica lo exterior.
Es una etapa concreta y tiene su geografía. En una sesión de astrocartografía se mira qué cruces alcanzan el lugar donde estás.
Maria Fernanda Abreu, astróloga profesional, fundadora de Espacio de Mafe.
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