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Astrocartografía
Los primeros meses parece que no ha cambiado nada. Lo que viene después es otra cosa, y llega por etapas.
Por Maria Fernanda Abreu, astróloga | | 3 min de lectura
Casi nunca se nota al llegar, y esa es su particularidad entera. Durante los primeros meses en esta zona de cruce la vida parece haber cambiado apenas, o nada, así que quien decide quedarse lo hace sobre una impresión que después no se sostiene.
El empuje de fondo va hacia la entrega del yo, y al principio eso se parece bastante a la calma. Aparece una atracción fuerte por vivir, en la propia vida o en la de quienes están alrededor, un idealismo tan potente que pide renunciar a la identidad traída de antes, abandonar el instinto de conservarse y soltar cualquier sentido de forma y de estructura.
Nada de eso duele mientras dura. Se siente más bien como si el mundo se hubiera vuelto amable y poroso, y ahí es donde mucha gente decide quedarse más tiempo del que tenía pensado.
Sumergirse por completo en todo lo que se pueda experimentar, sin un propósito que lo guíe, termina en una exageración descontrolada de cuanto se siente. Llegan emociones torrenciales, miedos sin ninguna base, euforias repentinas, fobias e imaginaciones muy vívidas que ocupan la cabeza durante semanas, y puede seguir una vida de misión y de sacrificio propio, o en los casos más duros de humillación y de rendición a lo que necesitan los demás.
A cambio, el fondo común de la imaginación humana se vuelve demasiado accesible, de manera que los sueños, los mitos y las realidades internas pasan a formar parte del día corriente, mientras la sensibilidad y la percepción fina se expanden sin freno.
Lo que se hunde en el mismo movimiento es el dinero y cualquier asunto que pida los pies en el suelo. Los vínculos, además, tienden a enredarse en intrigas que atrapan, y el encierro posterior, elegido o no, deja bastante infelicidad.
Este clima pide dos cosas para no tragarse a quien lo habita, digerir el propio pasado y aquello que se lleva dentro sin mirar, y renunciar de paso a los premios del ego.
El camino que no funciona es el de retirarse a una realidad fabricada, sea un entorno cerrado como un hospital o una empresa muy grande, sea el de las sustancias, porque la sensibilidad nerviosa de la zona empuja hacia las adicciones. En cambio, quien vive de imaginar y quien necesita captar qué está pidiendo el público encuentra aquí su mejor terreno, siempre que no confunda la sed de sensaciones con una iluminación de mentira que apenas tapa el desagrado moralista que cada quien se tiene a sí mismo.
Los demás cruces se delatan solos y este no, de modo que para saberlo hay que mirarlo dibujado. Verlo cuesta un minuto y ningún dato de tarjeta.
Porque su efecto arranca de forma sutil y los primeros meses transcurren casi igual que antes. Esa calma inicial es la que lleva a mucha gente a quedarse más de lo previsto.
Un desbordamiento de todo lo que se siente, con oleadas emocionales, temores sin fundamento, alegrías desmedidas y fantasías muy intensas que ocupan la mente durante semanas.
El fondo común de la imaginación humana, de modo que lo soñado y lo mítico entran en la vida diaria. La intuición y la sensibilidad crecen de manera notable.
El dinero y cualquier asunto que exija realismo, sin ninguna excepción. Los vínculos también se complican, porque tienden a llenarse de enredos difíciles de deshacer.
Los que viven de imaginar y los que consisten en anticipar qué quiere el público en cada momento, porque esa antena se afina más aquí que en ningún otro punto.
Saber en qué fase de este proceso estás cambia bastante la conversación, y eso es parte de lo que se mira en una sesión de astrocartografía.
Maria Fernanda Abreu, astróloga profesional, fundadora de Espacio de Mafe.
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