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Astrocartografía
Es fácil elegir a quien decepciona, y tiene su porqué. Debajo hay un mecanismo que se puede ver, y un talento artístico que compensa.
Por Maria Fernanda Abreu, astróloga | | 3 min de lectura
Aquí es fácil elegir mal a quien se quiere, y detrás hay un mecanismo que se puede entender. En el tramo en que las dos líneas se tocan pueden aparecer, uno detrás de otro, vínculos que acaban en decepción con gente distante, floja o poco fiable.
Si este patrón asoma en tu vida, y con cuánta fuerza, se ve en la relación entre Venus y Neptuno dentro de tu carta natal.
A veces la elección recae en alguien a quien se cree posible reformar, y solo mucho después se entiende que se le escogió justamente por sus defectos. Cuanto más complicada o más misteriosa parece una persona, más fascina, así que conviene ver con claridad los vínculos con gente que se pierde en escapes.
El mismo problema puede aparecer en la propia vida, porque una realidad que decepciona se alivia demasiado fácilmente huyendo de ella. Los amoríos tienden a lo sórdido, con una atracción hacia lo que se esconde debajo del brillo, y los conflictos de lealtad se enredan hasta volverse imposibles de resolver mientras la vida social gira alrededor del chisme y de la intriga.
Debajo de todo eso hay una nostalgia dolorida por lo que se recuerda como la belleza, la sensibilidad y la libertad de la infancia, y la idea de alcanzar el sueño imposible puede crecer hasta convertirse en una obsesión que no tiene manera de cumplirse.
Lo subjetivo tapa aquí lo objetivo, de manera que las creencias, las ilusiones y los defectos propios se proyectan sobre la pantalla de la realidad. Los deseos tienen su forma de cumplirse, aunque suelen ser deseos de sacrificarse por amor.
A cambio se desarrollan una sensibilidad y un talento artísticos de verdad, con capacidad para reconocer los matices de la forma, del color y de la belleza, y para responder a ellos con intensidad. El anhelo de fundir la propia identidad con algo o con alguien encuentra su mejor salida en lo artístico, en lo poético o en lo musical.
Puesto ahí, ese anhelo deja de ser una exigencia a la vida y se convierte en una obra que eleva la mirada de quien la recibe por encima de lo que esa persona alcanzaba a ver por su cuenta. Y lo que se ha sufrido marca la hondura del amor que después se puede dar sin pedir nada.
Si te viene una a la cabeza, vale la pena mirar qué líneas se cruzaban ahí. El mapa entero se calcula con tu fecha, tu hora y tu lugar de nacimiento.
Porque suele interesar la persona que da la impresión de necesitar rescate, y solo bastante después se descubre que lo que enamoró fueron sus fallos. A mayor sombra, mayor imán.
De los vínculos con gente que se pierde en sus propias huidas, que conviene mirar con claridad, y de buscar también en cualquier escape el alivio a lo que desilusiona, porque aquí esa salida tienta más de la cuenta.
Un anhelo por algo que se sitúa en la niñez, hecho de hermosura y de falta de ataduras, capaz de agrandarse hasta ocupar la cabeza entera sin que exista modo de satisfacerlo.
Una percepción muy afinada de los detalles de la forma, del color y de lo hermoso, con una reacción intensa ante todos ellos. De ahí sale material de sobra para trabajar.
En una sesión de astrocartografía se mira qué hace ese destino con tus vínculos, que no siempre coincide con lo que promete.
Maria Fernanda Abreu, astróloga profesional, fundadora de Espacio de Mafe.
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