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Astrocartografía
Se suele gastar a manos llenas y volver a ganar. Detrás hay una energía que sirve para mucho más que para eso.
Por Maria Fernanda Abreu, astróloga | | 3 min de lectura
Aquí cuesta mucho ahorrar y suele ser fácil pedir prestado. Lo llamativo es que la gente suele prestar, porque cree por instinto en la capacidad de quien pasa por este cruce de dos líneas para generar dinero y energía sin parar.
Con el mismo cruce en el mapa, una persona lo nota como un empujón y otra apenas, y eso lo explica cómo están Marte y Júpiter en su carta natal.
Es una zona que suele favorecer el logro atlético y el cuidado del cuerpo, porque el carácter competitivo tiende a afilarse y la fuerza a crecer. Esa subida de energía física y mental se nota en el gusto por el deporte, por el trabajo duro al aire libre, por la competición, por la aventura y por el poder.
Junto al hilo deportivo aparece uno militar, así que es fácil terminar dirigiendo u organizando la energía y la destreza de otras personas. Y con esa mezcla llegan el ingenio satírico y mordaz, una falta de moderación en la búsqueda del placer y una extravagancia con el gasto que dibujan a una figura muy llamativa.
El exceso de confianza y la afición al riesgo son los agujeros de esta zona. Se agarra el poder de forma imprudente, y luego se descubre que buena parte de los problemas los creó el propio dogmatismo y esa miopía moral tan característica del lugar.
Siempre con prisa, lo que se emprende crece deprisa también, con planes lanzados antes de tiempo y con una cantidad notable de ensayo y bastante más de error. El aire general es de gallardía y sangre fría ante el peligro, con una tosquedad simpática y un oportunismo apoyado en una moral acomodaticia.
El dilema mayor de esta zona es decidir qué valores y qué realidades sociales merecen la propia lealtad, porque moralmente se tiende a ver en blanco y negro asuntos que son complicados. De ahí a convertirse en una especie de cruzado hay poco trecho, y desde ahí se le imponen las ideas propias sobre el mundo a quien no comulga con ellas.
En su peor versión eso aparece como una santurronería vehemente, disfrazada de religión o de razonamientos que solo sirven a quien los hace. Y en la mejor, lo que queda es alguien con arrojo y espíritu de aventura que puede hacer fortunas y perderlas con la misma calma y con un apetito de vivir que no se apaga.
Y donde encima seguiste consiguiéndolo. Ver si esta combinación pasaba por ahí solo pide tu fecha, tu hora y tu lugar de nacimiento.
Suele volar y regresar con la misma soltura. Guardar algo cuesta mucho y encontrar quien preste suele ser fácil, porque desde fuera se percibe una habilidad clara para volver a producirlo.
En la proeza deportiva y en la puesta a punto del cuerpo, en las faenas exigentes a la intemperie, en cualquier certamen y en ponerse al frente de un grupo.
Lanzarse por el mando sin medir, por exceso de confianza, y comprobar más tarde que el lío lo armó la propia terquedad.
Porque lo que tiene mil matices se reduce aquí a dos colores, y de esa simplificación nace el impulso de convencer a los demás de cómo debería funcionar el mundo.
La de alguien con arrojo y espíritu de expedición, que puede amasar y dilapidar patrimonios sin perder la calma, movido por unas ganas de vivir que no se apagan.
En una sesión de astrocartografía se mira qué destino sostiene una empresa así y cuál puede inflarla hasta reventarla.
Maria Fernanda Abreu, astróloga profesional, fundadora de Espacio de Mafe.
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